Un día soporífero como cualquier otro.
Una llamada tardía que te hace despertar.
Unas palabras que se pierden cual polvo en el viento como si de Kansas se tratara.
Un lunar que se enfría a pasos agigantados.
Un reencuentro en un puente.
Un puente que se desvanecerá en el tiempo y con él, un encuentro.
Una mirada que no dice nada y, al mismo tiempo, lo dice todo.
Una carta sin sentido.
El sentido de las cartas.
Las cartas de los sentidos.
Sentimientos sentidos y ya está.
Una chaqueta que cuelga en el pomo, inerte.
Un pantalón que te ciega.
Un ticket que padece el síndrome de Estocolmo.
¿Por qué preocuparte si ya ni a ti mismo te importa realmente aquello por lo que te preocupas?
No te preocupes, déjalo estar...
Un año más, pasa a ser un año menos.
Una llamada tardía que te hace despertar.
Unas palabras que se pierden cual polvo en el viento como si de Kansas se tratara.
Un lunar que se enfría a pasos agigantados.
Un reencuentro en un puente.
Un puente que se desvanecerá en el tiempo y con él, un encuentro.
Una mirada que no dice nada y, al mismo tiempo, lo dice todo.
Una carta sin sentido.
El sentido de las cartas.
Las cartas de los sentidos.
Sentimientos sentidos y ya está.
Una chaqueta que cuelga en el pomo, inerte.
Un pantalón que te ciega.
Un ticket que padece el síndrome de Estocolmo.
¿Por qué preocuparte si ya ni a ti mismo te importa realmente aquello por lo que te preocupas?
No te preocupes, déjalo estar...
Un año más, pasa a ser un año menos.

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