Cuelga tu cuerpo en el perchero y que venga tu alma conmigo de paseo. No te molestes si le quito los panes de las manos... En este camino, está prohibido arrojar migas tras de ti. No hay vuelta atrás, aunque tampoco la desearás...
Trae contigo un batido de historias, una caja de música y una guitarra de 10 cuerdas, ya aprenderemos a tocarla.
La comida es secundaria, mi mirada se muere de hambre.
En cuanto abra la caja y la bailarina comience a rotar, en un lugar llamado Nada te sentirás. Tus ojos comenzarán a tomar forma, tus labios se humedecerán, tu pelo se enredará y tu piel, toda ella, se erizará. Tu pecho se convertirá en un volcán de emociones a punto de estallar, erupcionar, explotar, vomitar...
Tu sombra, de mi cuerpo se apodera, mientras el sol trata de escapar de tu pelo que cuánticamente se enmaraña. Trato de escapar, pero la mejor amiga de Pedro el Panadero es salvaje, feroz y orgullosa y me atrapa en sus redes con un bucle de sensaciones, suspiros y escalofríos.
Suspiros que se desvanecen en lo que dura un escalofrío y que precipita una gota de sudor al vacío de tu espalda. Gota que se funde con el Sol y hace que se evapore sin más, como polvo en el viento de la más pulcra ciudad.
Tratarás de aguantar el riachuelo de tu espalda en ella durante todo el paseo. Lo conseguirás durante un tiempo. Pero, aunque no hay marcha atrás, nunca digas nunca, pero nada es para siempre. Los riachuelos siempre acaban por convertirse en barrancos.
Trae contigo un batido de historias, una caja de música y una guitarra de 10 cuerdas, ya aprenderemos a tocarla.
La comida es secundaria, mi mirada se muere de hambre.
En cuanto abra la caja y la bailarina comience a rotar, en un lugar llamado Nada te sentirás. Tus ojos comenzarán a tomar forma, tus labios se humedecerán, tu pelo se enredará y tu piel, toda ella, se erizará. Tu pecho se convertirá en un volcán de emociones a punto de estallar, erupcionar, explotar, vomitar...
Tu sombra, de mi cuerpo se apodera, mientras el sol trata de escapar de tu pelo que cuánticamente se enmaraña. Trato de escapar, pero la mejor amiga de Pedro el Panadero es salvaje, feroz y orgullosa y me atrapa en sus redes con un bucle de sensaciones, suspiros y escalofríos.
Suspiros que se desvanecen en lo que dura un escalofrío y que precipita una gota de sudor al vacío de tu espalda. Gota que se funde con el Sol y hace que se evapore sin más, como polvo en el viento de la más pulcra ciudad.
Tratarás de aguantar el riachuelo de tu espalda en ella durante todo el paseo. Lo conseguirás durante un tiempo. Pero, aunque no hay marcha atrás, nunca digas nunca, pero nada es para siempre. Los riachuelos siempre acaban por convertirse en barrancos.

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