Ver como un fajo de verdes billetes de 100 dólares cruza los dedos, comienza a ser un mal presagio. Un mal presagio de lo que queda por venir.
¿Qué queda por venir? te preguntarás.
Pues la verdad es que nada, era simplemente hablar por hablar, no sabía que decir, vi una camiseta junto a mi y se lo conté al oído.
Y sí, ya sé que las camisetas no tienen oídos... Ni siquiera tienen orejas... Aunque parezca extraño, las camisetas, lo único redundante que tienen, es cuello...
Y... ¿Por qué? te volverás a preguntar.
Tampoco lo sabía esta vez, seguí hablando y hablando hasta que me di cuenta de que, lo que decía era verdad... Seguí hablando, pensando y volviendo a hablar, hasta que un rastafari guitarrista de uñas largas me interrumpió diciéndome las palabras mágicas, esas palabras que llevaba tanto tiempo sin escuchar de una voz amiga... Decía algo así como: I guos berdin!
No sabía exactamente que querría decir, no sabía si le había entendido bien, creí esperarme otra cosa...
- ¿Por qué tienen cuello, tío Sam?
- ¿Tío Sam? Lo siento, I don't want you!
La explicación es sencilla. El cuello de las camisetas viene dado a partir del desarrollo de los cráteres de la tierra a lo largo de los siglos. Empezó en la época de los dinosaurios, los cuales no hacían más que defecar en ellos. Más tarde, con la llegada de Marco Polo a la India y, con el consecuente descubrimiento de los spaghetti, usaron estos cráteres como calderos gigantes en los que cocinaban la pasta con la que alimentarían a la dinastía Ming (antepasados reconocidos de Yao Ming). Al no existir Fairy por aquella época, los restos de siglos y siglos de spaghettis, se fueron quedando pegados en el fondo hasta reducir el tamaño de dichos calderoscráteres a lo que conocieron nuestros antepasados más recientes como bañeras de agua fría con cuatro patas de perro y en las que, por mucho que te metieras, nunca llegarías a gritar ¡Eureka!, puesto que no se había inventado el tapón (eso es otra historia que ya te contaré otro día. Cuando me la invente...).
Y bien... El salto de las bañeras a los cuellos de las camisetas es lo único que me queda por explicarte, pero no está del todo comprobado científicamente. Hay quien dice que es simplemente el resultado de planchar una bañera, aunque hay otro sector de historiadores que prefieren explicarlo como una simple digievolución de bañeromon a cuellotarumon de la cual, sinceramente soy más partidario.
¿Qué queda por venir? te preguntarás.
Pues la verdad es que nada, era simplemente hablar por hablar, no sabía que decir, vi una camiseta junto a mi y se lo conté al oído.
Y sí, ya sé que las camisetas no tienen oídos... Ni siquiera tienen orejas... Aunque parezca extraño, las camisetas, lo único redundante que tienen, es cuello...
Y... ¿Por qué? te volverás a preguntar.
Tampoco lo sabía esta vez, seguí hablando y hablando hasta que me di cuenta de que, lo que decía era verdad... Seguí hablando, pensando y volviendo a hablar, hasta que un rastafari guitarrista de uñas largas me interrumpió diciéndome las palabras mágicas, esas palabras que llevaba tanto tiempo sin escuchar de una voz amiga... Decía algo así como: I guos berdin!
No sabía exactamente que querría decir, no sabía si le había entendido bien, creí esperarme otra cosa...
- ¿Por qué tienen cuello, tío Sam?
- ¿Tío Sam? Lo siento, I don't want you!
La explicación es sencilla. El cuello de las camisetas viene dado a partir del desarrollo de los cráteres de la tierra a lo largo de los siglos. Empezó en la época de los dinosaurios, los cuales no hacían más que defecar en ellos. Más tarde, con la llegada de Marco Polo a la India y, con el consecuente descubrimiento de los spaghetti, usaron estos cráteres como calderos gigantes en los que cocinaban la pasta con la que alimentarían a la dinastía Ming (antepasados reconocidos de Yao Ming). Al no existir Fairy por aquella época, los restos de siglos y siglos de spaghettis, se fueron quedando pegados en el fondo hasta reducir el tamaño de dichos calderoscráteres a lo que conocieron nuestros antepasados más recientes como bañeras de agua fría con cuatro patas de perro y en las que, por mucho que te metieras, nunca llegarías a gritar ¡Eureka!, puesto que no se había inventado el tapón (eso es otra historia que ya te contaré otro día. Cuando me la invente...).
Y bien... El salto de las bañeras a los cuellos de las camisetas es lo único que me queda por explicarte, pero no está del todo comprobado científicamente. Hay quien dice que es simplemente el resultado de planchar una bañera, aunque hay otro sector de historiadores que prefieren explicarlo como una simple digievolución de bañeromon a cuellotarumon de la cual, sinceramente soy más partidario.
Creo que se me ha subido la farlopa...

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