Ciudades japonesas suenan en stereo en el Home Cinema que el ratoncito Pérez escondió dentro de mi cabeza cuando vino a recoger mi último diente. Un desconocido dice que sí, que sí, que sí, que sí, que sí y que sí mientras se aprovecha de la diferencia de tamaño para tocarle el culo a los vasos de colores. Suerte que no es racista...
Un cuaderno negro penetra a su homónimo azul mientras una cámara de fotos inmortaliza el momento para que el pene saltarín pueda tener pruebas a la hora de contárselo al pirata de brazos cruzados que toma el sol.
Me pone tan tontorrón que me chupen la mano, que empiezo a menearme la oreja para tratar de bajar el volumen del regalo que Pérez quiso que introdujera como mula en el Aaiun. Agito los brazos a modo de señal de socorro y escupo una llave, abro la puerta del fondo del pasillo, esquivo cuatro coches, una zanja, dos árboles, me como un fresón y me paso la pantalla. Caigo por un vacío y voy a parar sobre una silla blanca, gélida y hueca. Miro hacia su interior, caída limpia, 9.2 le otorgan los jueces al saltador de Senegal. Limpio el trampolín, me levanto, saludo a la multitud, pulso el botón para bajar a la realidad y la silla se hace pis.
Vuelvo a la realidad, quito a la Pin Up de encima, echo el ancla y dejo a mi cabeza que repose.
Un cuaderno negro penetra a su homónimo azul mientras una cámara de fotos inmortaliza el momento para que el pene saltarín pueda tener pruebas a la hora de contárselo al pirata de brazos cruzados que toma el sol.
Me pone tan tontorrón que me chupen la mano, que empiezo a menearme la oreja para tratar de bajar el volumen del regalo que Pérez quiso que introdujera como mula en el Aaiun. Agito los brazos a modo de señal de socorro y escupo una llave, abro la puerta del fondo del pasillo, esquivo cuatro coches, una zanja, dos árboles, me como un fresón y me paso la pantalla. Caigo por un vacío y voy a parar sobre una silla blanca, gélida y hueca. Miro hacia su interior, caída limpia, 9.2 le otorgan los jueces al saltador de Senegal. Limpio el trampolín, me levanto, saludo a la multitud, pulso el botón para bajar a la realidad y la silla se hace pis.
Vuelvo a la realidad, quito a la Pin Up de encima, echo el ancla y dejo a mi cabeza que repose.

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