lunes, 14 de diciembre de 2009

"Negro racista busca mujer asiática para celebrar el Diwali"

Ciudades japonesas suenan en stereo en el Home Cinema que el ratoncito Pérez escondió dentro de mi cabeza cuando vino a recoger mi último diente. Un desconocido dice que sí, que sí, que sí, que sí, que sí y que sí mientras se aprovecha de la diferencia de tamaño para tocarle el culo a los vasos de colores. Suerte que no es racista...


Un cuaderno negro penetra a su homónimo azul mientras una cámara de fotos inmortaliza el momento para que el pene saltarín pueda tener pruebas a la hora de contárselo al pirata de brazos cruzados que toma el sol.




Me pone tan tontorrón que me chupen la mano, que empiezo a menearme la oreja para tratar de bajar el volumen del regalo que Pérez quiso que introdujera como mula en el Aaiun. Agito los brazos a modo de señal de socorro y escupo una llave, abro la puerta del fondo del pasillo, esquivo cuatro coches, una zanja, dos árboles, me como un fresón y me paso la pantalla. Caigo por un vacío y voy a parar sobre una silla blanca, gélida y hueca. Miro hacia su interior, caída limpia, 9.2 le otorgan los jueces al saltador de Senegal. Limpio el trampolín, me levanto, saludo a la multitud, pulso el botón para bajar a la realidad y la silla se hace pis.



Vuelvo a la realidad, quito a la Pin Up de encima, echo el ancla y dejo a mi cabeza que repose.

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