El poeta del trastero usa el vater como rimadero.
Hace playback de los más grandes raperos mientras se limpia el ojo místico con una lija. Parece que así se divierte.
Ve la televisión "enmutecida" mientras mira los resúmenes de la jornada en árabe de su deporte favorito, el macarronicorf.
Se asoma a la ventana y se plantea atarse una capa con luces cual amante guisante. Sólo ve un problema al plan: Sabe volvar, pero no amar.
La última vez que se declaró, cambió una Q por una H.
Trató de saltar, pero el peso de la caja azul de su pecho le impedía levantar los pies más de un palmo del suelo. Decidió liberar peso y se manchó de rojo vivo los zapatos.
Pensó que no sabía siquiera establecer nexos de unión entre las distintas frases que se le venían a la cabeza. Se planteó escribirlas en un papel, pero seguía en el vater. La clonación estaba durando demasiado esta vez y no tenía ganas de mancharse el interior de su cabeza con absurdas pajas mentales.
Hace playback de los más grandes raperos mientras se limpia el ojo místico con una lija. Parece que así se divierte.
Ve la televisión "enmutecida" mientras mira los resúmenes de la jornada en árabe de su deporte favorito, el macarronicorf.
Se asoma a la ventana y se plantea atarse una capa con luces cual amante guisante. Sólo ve un problema al plan: Sabe volvar, pero no amar.
La última vez que se declaró, cambió una Q por una H.
Trató de saltar, pero el peso de la caja azul de su pecho le impedía levantar los pies más de un palmo del suelo. Decidió liberar peso y se manchó de rojo vivo los zapatos.
Pensó que no sabía siquiera establecer nexos de unión entre las distintas frases que se le venían a la cabeza. Se planteó escribirlas en un papel, pero seguía en el vater. La clonación estaba durando demasiado esta vez y no tenía ganas de mancharse el interior de su cabeza con absurdas pajas mentales.
Salió del baño y escribió una canción. Una balada.
Lo leyó y releyó y, de nuevo, pensó.
Lo leyó y releyó y, de nuevo, pensó.

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